Skip to content

Crónica del tren San Martín

julio 16, 2010

Tras haber recibido la tibia noticia de que mi vida universitaria había finalizado por el momento,  le pedí a mi gran amigo “doble jota” que me alcanzara a la estación Pacífico para tomarme – como habitualmente lo hago – el tren “San Martín” para volver al coqueto barrio de Villa Devoto donde vivo.

El boleto – que compré por 75 centavos abonados con tres monedas de 25 en la caja de “pago exacto” – marcaba las 18:22, era hora pico y el viaje no sería tan placentero como lo habitual. La linea San Martín cubre más de 15 estaciones desde Retiro a José C.Paz pasando por Derqui, la Paternal, y Pilar entre otras. Algunos trenes no paran en todas las estaciones para hacer más rápido el viajo para quienes recorren un trayecto más largo. Efectivamente, el primer tren que ví pasar no frenó en Palermo -iba directo a José C. Paz tierras del polémico Mario Alberto Ishii – por lo que lo ví pasar como un niño cuando no logra atrapar la cortija del calecitero.

En general cuando uno viaje en “el que para en todas” viaja más apretado que los que viajan directo, es por eso que mucha gente no sube al primer tren que pasa, sino que espera el directo. Ya me impresionaba la cantidad de gente que había en el andén. Desde oficinistas de Devoto y Del parque hasta trabajadores del profundo noroeste del conurbano bonaerense. El tren siempre es al forma más rápida de viajar, que el viaje sea “ameno” o no depende de el horario en el que uno lo tome.

Al subir al vagón, quince minutos después de sacado el boleto, escuché un anuncio poco auspicioso por el altoparlante: Vecinos de la villa 31 habían cortado la vía a la altura de retiro y este sería el último tren del día. Al oír el anuncio quienes estaban en el bar de la estación tomando la cerveza de las seis y media mientras esperaban “el directo” se precipitaron velozmente hacia los estribos. El tren apestaba de gente. Una madre con un bebé – que a ojo de buen cubero no superaba los 2 meses – tuvo que hacer malabares para que le dejen el asiento, no por falta de voluntad de los afortunados que viajaban sentados,  sino por que  resultaba prácticamente imposible realizar cualquier tipo de maniobra. Me tocó viajar prácticamente encima de dos jóvenes treintiañeras con cara de oficinistas que habían esperado mucho el viernes que tuvieron la suerte de conseguir asiento dado que partieron de retiro. Una dormía la otra, hablaba por celular para que la pasen a buscar por Devoto. La cabecera del asiento de quien estaba adelante de la oficinista del teléfono era usada no solo de apoya cabezas -por quien viajaba sentada – sino también de sostén por una señora cincuentona para agarrarse, y por mi para apoyar la parte izquierda de mi cadera.

Atrás mió una joven de mi edad buscaba un pedazo del apoyacabezas, en el intento me roza la espalda – que estaba bien custodiada por una campera abrigadísima que había sacado del placar esta mañana – por lo que me doy vuelta y le esbozo una sonrisa. La luz brillaba por su ausencia en el tren por lo que me imaginé su cara seguramente más linda de lo que realmente era. No importaba, generar una historia por más inverosímil que sea puede hacer el viaje mucho más placentero y por lo tanto mucho más corto. Es curioso, pasar 15 minutos cara a cara con una persona de distinto sexo y de tu misma edad a menos de 20 centrímetros, más si se percibe cierta atracción.

Supongo que lo más curioso de este tipo de hechos es que debe ser muy habitual pero que en ínfimos casos pasa más allá de unas sonrisas. Esperaba pasar cerca de alguna avenida para poder verle mejor la cara. Mucho no me importaba, pero la curiosidad es curiosa. Llegando a Villa del Parque – como era de esperar – la oficinista se levantó y dejó el lugar vacío.

“¿Te querés sentar? ” dijo la joven misteriosa.

“No sentante vos, me bajo en la próxima”. Contesté mientras me hacía paso hacia la salida. Si hubiese seguido en viaje hubiera sido difícil poder seguir la conversación. Capas el amor sea eso, sentir algo por alguien que no conoces, no le viste la cámara, ni la vas a volver a ver. Capas el amor, como muchas otras cosas, sea más contexto que esencia.

No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: